obed díaz rodríguez

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Gálatas 2.0

El problema no es la disciplina. Tampoco es el proceso, ni las prácticas espirituales en sí. El problema es más incómodo y más profundo: nuestro propio lenguaje delata que, en el fondo, no confiamos del todo en la cruz como una obra suficiente. No lo decimos así, claro pero lo insinuamos, lo revelamos: lo filtramos sin darnos cuenta.

Decimos que creemos en la cruz, pero hablamos como si algo todavía estuviera “inactivo”. Como si la obra de Cristo necesitara ser “despertada”, “activada”, “liberada” o “desbloqueada” mediante prácticas que aunque bien intencionadas, son en esencia nuestro propio esfuerzo. Y ahí está la grieta: en que no estamos negando la cruz; la estamos tratando como un potencial que espera ser activado y no como un hecho consumado. Y eso no es un problema de disciplina, es un problema de fe.

Los gálatas cayeron exactamente ahí. No dejaron de creer en Jesús, no abandonaron la cruz, simplemente comenzaron a tratarla como insuficiente por sí sola. La fe ya no bastaba; ahora había que completar el cuadro. Y cuando el lenguaje cambia la teología, el edificio se tuerce.

Aquí es donde el punto debe quedar clarísimo: no hay disciplina que active  nada que la cruz no haya producido ya.

Cuando hablamos como si la esclavitud tuviera que “romperse”, la identidad “recuperarse” o la restauración “desatarse”, revelamos que algo dentro de nosotros duda de la cruz y de que Cristo realmente hizo lo que dijo que hizo. Dudamos de que “consumado es” signifique lo que significa. Entonces no negamos la cruz; la relegamos a acompañar nuestro esfuerzo, como una súper batida en el gym. 

La mentalidad de ley ya no se presenta como exigencia, sino como soporte. Ya no dice “haz esto para ser aceptado”, sino “haz esto para que lo que lo que Cristo hizo funcione”. Pero el resultado es el mismo: la cruz deja de ser suficiente y se convierte en el punto de partida de un sistema de mejoramiento “espiritual” que necesita ser gestionado, administrado y explicado por nosotros mismos. 

Aunque esto no siempre nace de una mala intención, casi siempre lo hace  de una inseguridad ministerial en la que el miedo a que, si no damos herramientas visibles, la gente no cambie, o el temor a confiar en que es el Espíritu, y no el método quien produce fruto (no frutos, por favor). Galacia no fue solo un error doctrinal; fue desconfianza en el poder real de la obra de Cristo.

El Nuevo Pacto no presenta a la cruz como algo que se activa, sino como algo ya hecho. La disciplina no completa la obra; la expresa. No libera; revela lo que ya es verdad. El problema empieza cuando el lenguaje sugiere que sin el proceso correcto, la cruz no alcanza y cuando Cristo pasa de ser la causa suficiente a ser el acompañante del proceso, no estamos creciendo en madurez, estamos confesando —aunque sea de forma sutil— que no creemos del todo en lo que la cruz ya hizo.

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Obed Diaz Rodriguez